“La mitad del cuerpo del piloto cayó en la casa de mis padres”

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La experiencia vivida por la familia Cervantes-Sornoza tras el accidente del 22-O parece surgida de una película de terror. 

En el domicilio de los esposos Agapito (+) y Aracelly cayó la mitad del cuerpo del piloto de la nave de combate. En las paredes, en las verjas y en sus enseres estaban desparramados restos sanguinolentos y vísceras. 

La hija de ambos, Cecilia (55 años), narra que su padre se encontraba en una hamaca y la mamá en la cocina cuando cayó la aeronave. 

“Después del estruendo, en medio de la confusión, mi papá se arrastró para llegar hasta donde mi mamá, que era presa del pánico. No tenían ni la menor idea de lo que había pasado”. 

Cervantes, residente de la ciudadela desde hace casi medio siglo, narra que es doña Aracelly quien se percata de los restos del capitán Eduardo Arias, no obstante, pensaba que se trataba de un niño abandonado. 

Tras el incidente, elementos de la FAE rescataron lo que había del cadáver del piloto del Jaguar.  

“Yo no estaba en casa, me encontraba junto con mi esposo en el domicilio de mi suegra, a unas 12 cuadras de donde residen mis padres. Pude llegar a los pocos minutos en medio de empujones con los militares”. 

Cecilia tenía por costumbre arribar a la morada de sus progenitores para compartir el domingo junto a ellos y sus hermanos, Roberto (+) y Fabiola. Esta última no estaba en casa a esa hora. 

Ella rememoró que su grupo familiar quedó traumatizado varios días después del incidente.  

Aún siente el dolor por el deceso de amigos muy cercanos, así como de vecinos que vio desde su llegada a la urbanización. Para Cervantes, el 22 de octubre es un día de luto en La Atarazana. Una fecha grabada a fuego y que jamás se borrará de su memoria. (I) 

Fotografías y videos: Miguel Castro/Atarazana Go!

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