Los aplausos al basquetbolista Carlos Palacios llegaron hasta el cielo

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El “Zurdo de Oro” del básquet guayaquileño lo logró otra vez. Carlos Palacios Villamar congregó nuevamente a decenas de personas, entre ellas a sus mejores amigos, a sus excompañeros de cancha o del colegio, a su familia, a su maestro… 

Lo hizo tal como cuando le tocó defender a los clubes en los que jugó o al momento de representar a Guayas o a Ecuador. 

No estuvo físicamente porque partió hace cinco años, pero los asistentes al tributo en su honor lo sintieron más cerca que nunca. 

Estuvo ahí en cada jugada de los partidos que se organizaron. También en medio de las conversaciones de quienes lo recordaron como persona y deportista. Seguramente se paró al lado de su esposa e hija y otra vez escuchó la voz de su maestro Enrique “Caballito” Zeballos.  

Lo más probable es que también corrió detrás del balón y brincó tan alto que llegó hasta el cielo, donde ahora se encuentra. Solo que esta vez ya no bajó para abrazarse con todos. El destino lo decidió de esa manera… 

Así fue el homenaje que se le dio el sábado 5 de diciembre a una de las figuras del básquet guayaquileño, quien paseó su clase en la cancha de la FAE y en La Atarazana, que fue su barrio. 

El tributo póstumo que se le rindió a Palacios en días pasados fue muy emotivo, a tal punto que a su maestro se le quebró la voz cuando era entrevistado para este portal de noticias.

Alrededor de 70 personas se dieron cita en la ciudadela de la Fuerza Aérea Ecuatoriana, ubicada al norte del puerto principal. 

Un grupo de amigos, liderados por Paúl Armendáriz y Fabrizio Rivas, fueron los mentalizadores de este encuentro. 

Al lugar llegaron Eduardo Chong Qui, excompañero de selección; Eduardo Vaca, excompañero del colegio; sus hermanos Carlos y David; su esposa Connie Sáenz; su hija Valentina Palacios, entre otros. 

En una breve ceremonia, Connie recibió uno de los tesoros más preciados: la gloriosa camiseta con el número 16, que usó el “Zurdo de Oro” para representar a Guayas. 

Así también le fueron entregadas placas conmemorativas para recordar la trayectoria del basquetbolista. 

Uno de los instantes más importantes fue cuando se anunciaron las gestiones ante las autoridades correspondientes para que, a mediano plazo, la cancha de básquet de la FAE lleve el nombre de Carlos Palacios. 

La jornada, que empezó cerca de las 16:00, se extendió casi hasta las 20:00. 

Todos los diálogos giraron en torno a las anécdotas y los momentos vividos, el talento y la calidad de juego de la desaparecida estrella del baloncesto.

Aquella tarde no faltaron sonrisas, aunque también hubo instantes en los que las palabras sobraban y la voz flaqueó para, en silencio, dar paso a los gratos recuerdos grabados en la memoria de cada cual, con el deportista, con el compañero, con el amigo. 

El cielo compartió la emotiva alegría de todos ese día especial; a fin de cuentas, un astro continúa brillando con luz propia en el firmamento… (I)   

Fotografías y videos: Atarazana Go! 

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