Una ruta turística y de aprendizaje une a La Atarazana, la FAE y Los Álamos

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¿Es posible hacer turismo en su barrio?, pues claro que sí. Especialmente si tiene el privilegio de vivir en La Atarazana, la FAE y Los Álamos, o en sectores aledaños. 

Hoy que en la ciudad rigen ciertas limitaciones para los paseos familiares o de amigos, por la emergencia sanitaria, les presentamos una muy buena alternativa de distracción, ejercicio físico y, al mismo tiempo, de aprendizaje en su propia zona. 

Quizás muchas veces han pasado por algunos lugares que vamos a mencionar, pero probablemente desconocen lo que representan o los antecedentes históricos de cada espacio. 

Lo único que necesitan para sintonizarse con este reportaje es las ganas de aprender más de ciertas obras que están en su barrio, equiparse con ropa cómoda o fresca, zapatos deportivos o de caucho, una gorra para protegerse de la intensidad de los rayos solares, en caso de que el astro rey se muestre inclemente; y abundante agua para refrescarse. 

Una cámara fotográfica caería perfecta para captar las fantásticas imágenes de este recorrido, junto con sus panas o familiares. Esta alternativa de turismo está abierta -incluso- para personas de otros sectores de la ciudad.

Doménica Arias y Verónica Zambrano, moradoras de Los Esteros, al sur de la urbe, visitaron uno de estos puntos y se hicieron selfies. 

En cambio, Érika Merizalde, quien vive en la vía a Daule, tomó fotos con la cámara de su teléfono celular, en otro de los cinco lugares.

El tour es de aproximadamente 2,5 a 2,8 kilómetros e involucra a unas 50 cuadras de viviendas y a cinco avenidas de las tres urbanizaciones.  

En el trayecto hallarán distintas especies de árboles y se encontrarán con algunos parques y canchas donde pueden detenerse, ya sea para descansar un rato o para jugar por unos minutos hasta concluir la ruta. 

El punto de partida depende de dónde está ubicado su domicilio. 

Nosotros iniciaremos en la manzana F-3, de La Atarazana, y concluiremos en Los Álamos. 

El mural de animales 

Un mono, un puma, un delfín, un ave y dos mariposas forman parte del colorido mural que hizo el artista Carlos Swett, en 2015. 

La obra está en la manzana F-3, a un costado del Colegio Fiscal Francisco Campos Coello. 

Carlos es el tercero de los cinco hijos que tuvo el destacado muralista guayaquileño Jorge Swett Palomeque (1926-2012). Este último es el autor de trabajos en la Caja del Seguro Social, Puerto Marítimo y en el antiguo aeropuerto de Guayaquil. 

Carlos, de acuerdo a versiones de prensa, empezó a trabajar con su progenitor desde su niñez. 

Este lugar es perfecto para que los turistas amantes de la fauna salvaje se tomen fotografías. 

La única recomendación es tener precauciones, ya que en el lugar donde está el mural transitan vehículos y motocicletas. 

La casa de Safadi 

A unas diez cuadras del domicilio de los Swett está la casa donde residió Nicasio Safadi, el reconocido músico de origen libanés. 

La morada se asienta en la esquina de la manzana N-1, villa 1, también de La Atarazana.  

Destaca por una enorme palmera y por el gran tamaño del jardín. Según vecinos del sector, en ese patio delantero era común ver a Safadi, quien es recordado por ser el compositor de la música de la histórica canción “Guayaquil de mis amores”, cuya letra pertenece al orense Lauro Dávila Echeverría. 

Carlos Rubira Infante, Olimpo Cárdenas, el Dúo Mendoza Sangurima, Julio Jaramillo, Máxima Mejía, Blanquita Palomeque, Dúo Saavedra Palomeque, Nancy Murillo, Vicentica Ramírez, Pepe Oresner y los Hermanos Montecel están entre los principales discípulos de don Nicasio. 

A quienes vayan por esta morada, se les aconseja tener cuidado, por cuanto la avenida que lleva el nombre del célebre compositor es transitada en ambos carriles. 

Este punto es buen lugar para hacer una recarga de agua o bebidas hidratantes, pues a pocos metros de la casa de Safadi hay un sinnúmero de tiendas y minimarkets. 

Los astilleros 

Del domicilio de don Nicasio hay que recorrer al menos una decena de cuadras, a lo largo de la avenida Carlos Luis Plaza Dañín, para llegar a uno de los sitios más emblemáticos, no solo de la zona, sino de Guayaquil. 

Se trata de los murales que se encuentran bajo el paso a desnivel de la avenida Pedro Menéndez Gilbert, donde se inmortaliza a los grandes astilleros que alguna vez hubo en el puerto principal. 

Las obras fueron elaboradas por el artista guayaquileño Juan Pablo Toral. 

En las imágenes se observa la construcción de las naves que surcaron los mares en la época de la Colonia, a centenares de trabajadores y a quienes dirigen los trabajos. Es prácticamente la historia de lo que fue Guayaquil en sus inicios. 

Aquí también están las latitudes de la hacienda La Tarazana y los nombres de algunas de las naves construidas. 

Este lugar es el ideal para tomarse fotos panorámicas en grandes grupos. Hay varias y coloridas opciones para elegir cuál es el mejor fondo para la gráfica. 

Incluso se pueden hacer tomas nocturnas, pues el sitio tiene buena iluminación artificial. 

En la zona es común observar a elementos de la Policía y miembros de la Agencia de Tránsito Municipal (ATM).  

El poder aéreo 

El siguiente punto, a unas diez o doce cuadras del paso elevado de la avenida Pedro Menéndez, se encuentra en la ciudadela de la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE). 

Es el lugar indicado para quienes gustan de los aviones o sueñan con pilotear alguna vez una nave. 

Para llegar hay que tomar la Plaza Dañín e ingresar por la calle Elia Liut, de dos carriles, que divide unos terrenos de la entidad militar con la urbanización civil. 

Tras avanzar unas ocho cuadras, se gira a la izquierda por la Cosme Renella, y tras recorrer unos 70 metros, frente a la manzana 26, está el ingreso a la Base Aérea Simón Bolívar. 

En su exterior se encuentra una nave de color plateado, combinado con rojo, negro y amarillo. 

Su presencia es imponente y llama la atención de propios y extraños.  

Filmar videos o captar fotos desde distintos ángulos es posible, ya que la aeronave está afuera del recinto militar. 

Es un buen momento para tomar un descanso bajo la acogedora sombra de los frondosos árboles de la zona. Para llegar al último punto de esta ruta turística barrial, por delante hay una larga caminata que atraviesa toda la FAE. 

El niño buzo 

Desde la base aérea hasta el destino final de este singular recorrido hay que hacer un último esfuerzo. Se trata del trayecto más largo a caminar. 

Al menos unas quince cuadras distancian al recinto de la FAE con un mural que se encuentra en la ciudadela Los Álamos.  

Aunque está un poco deteriorada por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento, la gran imagen de un niño buzo, acompañado de dos peces (uno naranja y otro rosado), es el atractivo del sector. 

La obra pertenece a un artista que firma con el nombre de Gabo. No tiene fecha ni año de ejecución. 

Moradores de la zona manifiestan que la pintura debe tener al menos una década en esa pared. 

El mural está en la intersección de la Avenida de la Democracia y la calle 3, Pasaje 1. 

El recorrido llegó a su fin. Quienes se animen a realizarlo seguramente terminarán agotados, pero en paralelo podrán disfrutar de la gratificante experiencia de observar atractivas e históricas obras en su sector. 

Esta es una gran oportunidad para aprender, hacer ejercicio y distraerse en familia o con los amigos en su propio barrio. 

Quizás más adelante puedan compartir la misma gira con allegados de otras urbanizaciones, incluso de diferentes ciudades, para mostrar la belleza de las obras y los lugares ocultos -o ignorados- de sus ciudadelas. (I)

Fotografías: Miguel Castro/Atarazana Go! 

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