El casete reaparece en un escenario dominado por las plataformas digitales

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Este artículo seguramente trasladará al pasado a muchas personas; otras, en cambio, lo verán como una novedad, y quizás haya algunas que no entiendan bien de lo que se trata. 

A las primeras, innumerables recuerdos acudirán a sus mentes. Desde el ritual para sacar un casete de su caja, colocarlo luego en el equipo de audio y presionar varios botones hasta escuchar el sonido. 

Asimismo, recordarán aquella fiesta o reunión de amigos en la que se ponía una de estas cajitas de plástico en cuyo interior había una cinta magnética, en la grabadora o el tocacintas.  

Así estaban garantizados, regularmente, 60 minutos (30 de cada lado) de canciones para bailar o corearlas. 

Otros también rememorarán los amargos momentos cuando la cinta se enredaba. Esto último era como una tragedia, aunque muchas veces se “reparaba” simplemente rebobinándola utilizando un bolígrafo o un lápiz. 

También habrá aquellos que evocarán cuando les decían a sus amigos o familiares: “Te doy un casete para que me grabes ese disco”. 

Son muchas las situaciones que giran en torno a uno de los inventos más importantes del siglo XX, para la reproducción de audio, y también de video. 

Lo cierto es que el casete está de regreso. Algunos músicos y bandas de Guayaquil empiezan a grabar otra vez sus temas o a reeditarlos en este formato. 

Todo esto sucede justo cuando millones de fans de cantantes, grupos y orquestas -en Ecuador y el mundo- son usuarios de plataformas digitales pagadas, como Spotify (207 millones) o Apple Music (56 millones), en las cuales pueden encontrar todo cuanto sueñen en materia musical. 

Los rockeros toman la delantera 

Hasta ahora, y luego de investigar entre productores y músicos de diferentes géneros, son los grupos de rock pesado quienes han tomado la iniciativa de poner sus canciones en cintas. 

Así, bandas como Metalquil, cuyo líder es Paolo Monroy, ya trabajan en un proyecto con otros colegas porteños para producir un casete. 

La fecha para que salga a la luz aún no está definida debido a las restricciones causadas por la situación de emergencia que atraviesan la nación y el mundo. 

En cambio, el grupo de thrash-death metal Profecía se lanzó en esta apuesta, no con nuevas canciones, sino más bien para promocionar entre los coleccionistas y seguidores sus producciones VII Vivo VII y Los ThrashCerberos. 

Ambas fueron presentadas originalmente en formato digital para que sean descargadas y que los propios seguidores las puedan traspasar en discos compactos e impriman las portadas y demás contenidos gráficos. 

Érick Álava, exmorador de La Atarazana y líder de esta banda, explica que el principal objetivo es llegar a los coleccionistas. 

“El año pasado no hubo presentaciones en vivo ni lanzamientos de nuevos trabajos. Entonces, como una forma de mantener esa cercanía con nuestros fans, les dimos esta opción. Hasta ahora ha tenido una muy buena acogida”, afirma Álava. 

Mientras, los casetes de VII Vivo VII y Los ThrashCerberos son ofertados en un combo cuyo valor es de $ 15. 

Álava expresa que decidieron sacarlos en ese formato tomando en cuenta que “el casete está de regreso y la gente lo está apreciando”. 

“Hay modernos equipos de audio en el mercado que están llegando nuevamente con los tocacintas y también para los pendrive”.  

Se promueve en ferias 

A mediados de marzo, cientos de compradores de discos, CD y casetes se dieron cita en el Garzocentro, de Guayaquil. 

Durante el sábado 20 y domingo 21 hubo una feria en la que los asistentes tuvieron acceso a material musical en diferentes géneros y formatos. 

Se levantaron varios estands, entre ellos el de Fabricio Gómez (Kissboy Music Collection), quien desde hace 3 años se dedica al comercio de estos productos. 

En su puesto estuvieron visibles casetes de origen nacional y también importados, cuyo precio es de $ 10 en adelante. 

Para Gómez -conocido también como “Kissboy”, por su afinidad con ese grupo de rock oriundo de Nueva York-, detrás de este resurgimiento del casete hay una estrategia de marketing de las grandes empresas discográficas. 

“Artistas y bandas de todos los géneros están sacando sus materiales en todos los formatos. Con esto le dan espacio también al público antiguo que aún tiene en su auto un tocacintas”. 

Fabricio integra junto a otras personas un colectivo denominado Vynil & Vintage. Allí están las tiendas Surco Ecuador y Vinyl Addiction (en Quito), Girando a 45 RPM (en Guayaquil) y otras, todas dedicadas a fomentar y vender música en formatos originales. 

Producciones casi artesanales 

El periodista Luis Fernando Fonseca, especializado en temas culturales y musicales, enfatiza que la fidelidad y vocación de los rockeros por la música es lo que ha llevado a la resurrección del casete. 

Puntualiza que la plataforma Spotify ha revelado importantes cifras en torno a la lealtad de los seguidores a este género y sus variantes. 

“Por eso hay personas que buscan al casete como piezas musicales o como recuerdos. Esa es la razón por la cual se han vuelto a producir o lanzar reediciones”. 

Este comunicador quiteño no sabe si las cintas estarán nuevamente en boga como en décadas pasadas, lo que sí tiene claro es que hay personas que los están produciendo y otras que los están comprando. 

“Hay obras musicales históricas, como una del grupo de rock Metallica, en casetes que tienen un alto valor por los pocos ejemplares que se hicieron”. 

Fonseca, redactor de Cartón Rock (con 2.160 seguidores en Facebook), cuenta que en las redes sociales existen muchas ofertas de cintas originales. 

En su entorno tiene amigos que conservan sus vinilos y casetes desde hace algunos años. 

Reconoce que las producciones nacionales actuales tienen tintes artesanales: “Se compra el casete en blanco, lo graban y luego se hacen las impresiones. Eso tiene el mismo ‘olor’ a un libro nuevo”. 

La experiencia de un DJ  

Raúl Merino vive en La Atarazana hace más de cuatro décadas. Es un discjockey de la vieja guardia de la ciudadela, pues empezó a mezclar música casi desde los 12 años; a los 15 ya era el responsable de que amigos y vecinos bailaran sin parar en innumerables compromisos sociales. 

En sus inicios, los únicos equipos que tenía eran dos caseteras, las cuales, por medio de cables, las conectaba a los equipos de sonido de sus amigos y con eso la rumba estaba garantizada. 

“Sí era complejo, pero con la práctica cada vez se hacía más fácil combinar las canciones solo a punta de casetes. La clave estaba en tener el casete listo, la pausa y saber el momento exacto para mezclar. Ya luego se grababan cintas y dejábamos que corran por media hora, que es equivalente a un lado”. 

Merino reconoce que el sonido perfecto se obtiene de los discos de vinilo, pero no hay mejor competencia para estos que una grabación hecha en una cinta cromada o de metal. 

Durante muchos años, Raúl fue el responsable de la música en la desaparecida discoteca Williams Exclusive Club y su bar alterno Billy’s. 

El movimiento en Quito 

En la capital de los ecuatorianos el tape va por buen camino. Por un lado, se comercializa en distintos espacios y, en paralelo, las bandas del movimiento underground se promocionan en ese formato; y por otro, un empresario tiene listas un centenar de cintas para entregar a clientes que compraron en la modalidad de prepago. 

Juan Pablo Fonseca tiene una colección de al menos 200 casetes y observa aspectos nostálgicos en esta reaparición que se da en el país. 

“En Quito hubo tiendas, como 100% Rock, que ofertaban este material. Era una época en la que no había muchos recursos para discos y otros”. 

Este abogado de 36 años señala que no se trataba de productos originales, sino copias de excelente calidad y con una buena presentación.    

“La tendencia está al tope y se volvió una normalidad”, expresa el jurista oriundo de la parroquia Checa. 

Mientras, Mauricio Sánchez, productor musical capitalino de 40 años, está metido de lleno en la creación de una cinta en la que intervienen bandas de Quito, Guayaquil, Guaranda, Cuenca y Riobamba. 

Se trata de su primera producción en este formato, pues su fuerte es el comercio de música, así como la organización de recitales con bandas nacionales y extranjeras. 

El objetivo de lanzar al mercado una cinta es recordarles a los ecuatorianos, y especialmente a los metaleros, que el casete sigue vivo. 

“Debido a la piratería, desapareció en Ecuador y en otros países, como Perú y Colombia, en el momento que se dio rienda suelta a esa actividad”. 

Rememoró que entre 2017 y 2019, en Estados Unidos, hubo récords de ventas de casetes. 

En sus planes está realizar una producción en tape para la famosa orquesta Don Medardo y sus Players. 

“La intención de nosotros es que la gente vea que no ha desaparecido. Tengo vecinos que me preguntan si todavía valen. Les digo que sí”. 

Sánchez tiene una colección personal de 700 cintas. 

Fotografías: Atarazana Go! 

Retoque digital estilo vintage: Jonathan Miranda/Atarazana Go!

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