Sabores cuencanos y otros ofrecen varios emprendedores

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Gina, Douglas, Fabricio y Sonia probablemente no se conocen, pero son vecinos de La Atarazana. 

Viven y trabajan a pocas cuadras el uno del otro, sin embargo, tienen algo en común: todos son emprendedores. 

Ellos apostaron a sus conocimientos y su experiencia en las artes culinarias para iniciar sendos negocios que les permitieran subsistir.  

No fue una decisión tomada a la ligera. Cada uno hizo un estudio de mercado, recorrió la zona, visualizó a la competencia, evaluó posibilidades, invirtió un capital, creó un logotipo, se promocionó en las redes sociales para llegar a más personas y empezó su respectivo reto.    

Y es así que, desde hace algunos meses, en el sector se oferta lo mejor de la cocina cuencana, empanadas de verde o de harina con distintos rellenos y también uno de los platos más populares de Italia. 

Cuatro emprendedores de la zona nos contaron sus historias de sacrificio, perseverancia y fe. 

Ocho platos cuencanísimos 

Si hay algo que llama la atención del negocio de Gina Palacios (43 años) es su local. Se trata de un food car muy original y con luces LED en los exteriores. 

Sin embargo, eso no es todo. Esta cuencana de nacimiento y heredera de la buena sazón de la cocina azuaya es la autora intelectual de dos platos que -quizás- no aparecen en las cartas de los restaurantes de su tierra. 

Se trata de la bandeja chanchera, y otro, cuyo nombre aún no lo decide. El primero es una combinación de chorizos (cuencano, argentino y de Praga) acompañados con trocitos de fritada, chicharrones y choclo. El otro, que no ha sido bautizado, consiste en servir una libra de carne de cerdo, más choclo, mote, papas, salsa, tortillas de papa, maduro y ají de la casa. 

“Estas innovaciones nos han dado buenos resultados. No nos quedamos solo con los platos tradicionales”.

Gina optó por su emprendimiento gastronómico luego de que su esposo se quedó sin empleo el año pasado, en los momentos más críticos de la pandemia, y tras desplomarse la venta de sábanas y almohadas, negocio al que ella se dedicaba. 

“Conversamos y decidimos que se debía explotar todo lo que aprendí de mi padre y familiares en torno a la cocina cuencana”. 

Palacios explica que no se trató de una acción apresurada, pues evaluaron gastos y beneficios, analizaron la zona, si existen eventuales competidores y diseñaron una estrategia que incluyó la creación de un flyer para llegar a más personas.   

A más de las opciones del menú citadas anteriormente, Gina ofrece fritada, llapingacho, papas con cuero, mote sucio, entre otros. 

Al consultarle cuáles son las diferencias entre la fritada costeña y la cuencana, manifiesta que la preparada en la Sierra es más jugosa que la otra. 

Del mismo modo precisa que los cocineros serranos preparan la carne del cerdo en pailas de cobre o de bronce, lo que le da un mejor sabor. 

Esta cuencana tiene en sus planes expandirse con sus delicias hechas a base de la carne de cerdo, y ya mira hacia la ciudadela la FAE como uno de sus objetivos. 

El food car de Gina se encuentra estacionado en la Avenida de la Democracia, al pie del complejo deportivo Luis Bajaña (Los Álamos).

Dos rellenos diferentes 

Al menos unos 15 establecimientos ofrecen empanadas de queso, carne y pollo en diferentes sectores de la ciudadela.  

Douglas Castro (39 años) tiene bien claro eso porque, antes de inaugurar su negocio, inspeccionó la zona y se dio cuenta de que aún había espacio para él. 

Es entonces cuando empezó a maquinar lo que podía preparar, pero que marcara diferencias de los otros, y cuál sería el valor agregado a sus productos. 

Las tradicionales de queso y carne no podían faltar en su menú, sin embargo, decidió innovar en dos variedades más: una con queso mozzarella, jamón y orégano, y otra con chorizos cuencanos, de hot dog y parrillero.  

Este ingeniero en comercio exterior y que ha residido toda su vida en La Atarazana no se quedó solo con eso. 

“Había probado los cafés de Manabí y de Loja. Ambos son muy buenos, pero cuando me casé con Natalie pude conocer el de Piñas (El Oro) porque ella es de allá. Entonces decidí que ese es el que ofrecería gratuitamente con las empanadas”.

Otro aspecto que Castro destaca de sus productos es que son preparados al momento, no como en otros locales donde se cocina con antelación y todo se mantiene caliente dentro de vitrinas con focos prendidos. 

“Nadie sabe desde qué hora las empanadas permanecen ahí guardadas”. 

El local de Douglas se encuentra en una peatonal de la manzana G-1, es decir, no está expuesto en una avenida principal.   

“Reconozco que no tengo una buena ubicación, pero mi fortaleza está en cómo me muevo en las redes sociales para atraer a más personas”. 

De su negocio llama la atención también el logotipo que tiene forma de empanada, pero con bigotes. 

Al consultarle sobre el porqué de ese diseño, cuenta que su esposa -que está a punto de ser doctora- es quien lo creó y que los bigotes son en alusión a él. 

El establecimiento Las empanadas de Doug atiende en la manzana G-1, villa 3.

Verde a la orden 

El verde está entre los productos usados en la cocina ecuatoriana, con el cual se puede preparar una infinidad de platos. 

Es versátil, delicioso y barato. Ya sea frito, cocinado o asado, no solo tiene valores nutritivos altos, sino que también tiene una característica importante: llena el estómago de los consumidores. 

Fabricio Constantine tomó en cuenta aquello, además del hecho de que en su ciudadela nadie ofrece empanadas hechas con la masa cocinada del verde y luego frita. 

“Fui hasta los locales que están cerca del hospital Roberto Gilbert y todos comercializan las que se hacen con harina. Lo mismo pasa con los negocios que se ubican al frente de Solca. Eso me motivó a usar esta materia prima como base”. 

Fabricio recordó que tras perder su empleo por el cierre del restaurante donde trabajaba como cajero, debido a la pandemia, empezó en el negocio junto a dos amigos más.

Al poco tiempo, sus compañeros lo abandonaron para seguir por sus propios caminos. 

Este joven contador de 26 años no se deprimió por eso y, por el contrario, mantuvo el optimismo. 

Es así como hasta ahora continúa en el comercio de sus empanadas de casi 18 centímetros de largo cada una.  

Por razones de bioseguridad, solo vende para llevar, empero, ya se alista para montar una pequeña infraestructura que le permita recibir a sus comensales. 

Del mismo modo, prevé a mediano plazo incorporar nuevos platos con productos orgánicos. Todo en la línea verde. Su local Green Fast está en la manzana P-6, villa 5.

Sabor y publicidad 

La combinación de conocimientos entre Sonia Moyano y su hijo Valentín Salazar es la clave de su emprendimiento. 

Ella es guarandeña y posee el don de preparar lasañas con un sabor incomparable, y él es ingeniero en publicidad, es decir, el responsable de promocionar y comercializar sus productos. 

Al igual que Douglas y Fabricio, Valentín perdió su plaza de trabajo por la crisis sanitaria que afectó al país a inicios del año pasado. 

La idea de emprender en un negocio se dio en ausencia de su madre, ya que se encontraba en Estados Unidos y le tocó permanecer durante cuatro meses en ese país. 

Una vez que arribó a casa tuvieron una conversación en la que Salazar persuadió a su progenitora para que se encargara de la preparación del plato de origen italiano. 

Incluso, Valentín adelantó varias cosas, como la compra del horno, la estrategia publicitaria, los precios, la elaboración de la caja y el nombre. Inicialmente se iban a identificar como La Auténtica Lasaña de Sonia, pero ella no quiso que se utilizara su nombre. 

Ella ya tenía experiencia en el comercio de comidas preparadas, pues proveía al personal del hospital Roberto Gilbert y a otros.  

Una vez que definieron todo arrancaron en julio pasado. Los estudios en publicidad de Valentín fueron fundamentales. 

Él diseñó el logo y escogió los colores (rojo y blanco), esto último tomando como referencia los que usan grandes marcas del mundo.   

La lasaña de ambos es casera. Tiene tres opciones: carne, pollo y mixta. 

Valentín hizo elaborar las cajas para la entrega bajo una medida específica. El fabricante, que era un contacto suyo, le dio exactamente lo que pidió. 

En el envase cabe la pasta y una porción de arroz verde. 

“El concepto es que nuestros clientes reciban un plato de fiesta en sus casas por un valor manejable”. 

El dúo no se quedó solo en eso, también elaboró dos postres: dulce de las 3 leches y queso de leche. Este último fue reemplazado por el cake de zanahoria con nueces, el cual hasta ahora tiene una importante acogida. 

Madre e hijo planean dar más pasos en su negocio. Una de sus metas es que sus lasañas se comercialicen en las gasolineras. Valentín tiene a un conocido en una de las grandes cadenas y esa gestión empezará en las próximas semanas.  

Curiosamente el grueso de sus clientes no se encuentra precisamente en La Atarazana. La mayoría está en ciudadelas como Romareda, Villa Club, Alborada y hasta en la Isla Trinitaria.  

El vehículo que adquirió con una parte de su liquidación le permite ofrecer el servicio de delivery. 

“Todos los comensales salieron del boca a boca, de los mensajes enviados por WhatsApp y de una pautas publicitarias en redes sociales”, manifestó Salazar. 

Desde la manzana B-1, villa 11, de la ciudadela se distribuye La Auténtíca Lasaña de estos dos atarazaneños en diversos sectores de Guayaquil. (I)

Fotografías: Miguel Castro/Atarazana Go

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