Julio Molina, el dirigente del fútbol que salió de la Atarazana a la FEF

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Para las nuevas generaciones de la ciudadela, quizás el nombre que aparece en el titular de este artículo les resulte indiferente.

Obviamente, también desconocen que en la Atarazana vivieron destacadas figuras del fútbol profesional ecuatoriano como Israel Rodríguez, Jaime Villacís y los hermanos Jorge y Wellington Valdez, arquero, volante de marca y defensas, en su orden, del Club Sport Emelec.

Del mismo modo, residió por muchos años el árbitro con carné de la FIFA, Elías Jácome (+), quien en su juventud practicó el balompié en la urbanización.

En el presente, por las calles de la ciudadela aún se puede observar al exback central de Barcelona Sporting Club y de la Selección del Ecuador, Joel Villacís.

Entre otros moradores, en el sector de la manzana E-2, estuvo Julio Molina Flores, quien también se vistió de corto por algún tiempo para jugar fútbol con sus amigos y vecinos.

Sin embargo, donde más destacó fue en su rol como dirigente deportivo. Lo hizo incluso desde su juventud cuando vivía en el Barrio Garay, allá por los 60.

A los 17 años, Molina integró el club 10 de agosto. Se trataba de una organización deportiva que convocó a los mejores jugadores de indor fútbol de ese populoso sector.

“Lo formé con 20 muchachos como yo, que residían en las calles Andrés Marín y 10 de agosto o en sus inmediaciones. Había visto lo bien que jugaban, pero no estaban organizados”, expresa.

Este plantel destacó en los torneos que se desarrollaban en la cancha del colegio San Juan Bosco. Tras eso, el equipo pasó a llamarse Sarmiento. Adoptó ese nombre a manera de agradecimiento con un vecino del barrio que tenía ese apellido y que ayudó mucho en el financiamiento de uniformes y otros gastos. Es más, una hija de este caballero fue madrina de la escuadra en un torneo.

Su llegada a la Atarazana

A finales de la década del 60, don Víctor Molina Quintana, su esposa Maruja Flores y sus hijos, entre ellos Julio, llegaron a la Atarazana.

Era el momento en que uno de los primeros proyectos habitacionales en Guayaquil, del Banco Ecuatoriano de la Vivienda (BEV), empezaba a poblarse.

El joven Julio no perdió tiempo y estrecha vínculos de amistad con sus similares en edad de las familias: Campos, Castro, Mármol, Silva, Ávalos, entre otros.

Ya para esos años, Molina era universitario y se desplazaba hasta su centro de estudios caminando.

“Recién se comenzaba a poblar la Atarazana. Las calles se estaban pavimentando. Solo había un servicio de buses, el de la línea 2. Este automotor dejaba a los usuarios en el Hospital Militar de la Junta de Calificación. Al lado estaba el Red Park, donde entrenaba el primer plantel de Barcelona”, rememora.

Por esos años, la práctica del indor fútbol era común en las calles de la ciudadela y había grandes jugadores.

Molina se percató de aquello y un día en la casa de los Castro nace la idea de formar un club social y deportivo. Ahí mismo le pusieron de nombre Juventud Valiosa (JV).

Julio formó parte del equipo como delantero por la punta izquierda, pero también se movió como dirigente.

Su experiencia en este último campo fue fundamental para la consecución del título de Campeones de la Liga Inca Kola (1981), uno de los torneos futbolísticos más respetados de Guayaquil hace algunas décadas.

Esta noticia -según cuenta- le llegó cuando se encontraba laborando en Quito, por medio de su hermano Galo, también integrante de JV.

“Me sentí muy contento y satisfecho. Siempre estuve pendiente de ellos. Toda la vida he creído que cuando se trabaja bien con sacrificios y buscando la unidad, se dan estos resultados”.

¿Y por qué Molina es considerado como un baluarte en el equipo de su barrio? Sencillamente porque asumió las riendas del equipo en el financiamiento de los uniformes y el pago de los arbitrajes, pero además por la motivación y los consejos que les dio a sus vecinos deportistas.

Antes de lograr el campeonato, el nombre de Juventud Valiosa ya se había regado en la Atarazana.

Decenas de jóvenes de diferentes manzanas se sumaron al equipo.

De acuerdo, a Pedro Castro, uno de los jugadores referentes de JV y posteriormente director técnico, al menos 300 muchachos pasaron por el plantel.

Y es que Juventud Valiosa fue mucho más que un equipo deportivo, también se convirtió en una organización social que aglutinaba a amigos y a vecinos por diferentes causas.

De algunos eventos, planificados por Julio Molina y sus compañeros, salieron también los fondos para cubrir los gastos más necesarios del plantel.

Tras casi 7 años de ser la cabeza de JV, sus obligaciones académicas y laborales lo hicieron distanciarse del equipo, pero no de perder el contacto.

Una de las principales anécdotas que recuerda Molina es la venta del arquero José Artieda, a un costo de $ 30 mil sucres a unos de los equipos más importantes de la ciudad.

Este trabajo dirigencial fue observado por otros amigos vinculados al fútbol porteño. Es entonces cuando llega a la Presidencia del Panamá Sporting Club, con el cual quedó campeón en el torneo de la segunda categoría y por ende ascendió a la Primera A.

Luego, pasa formar parte de la Asociación de Fútbol del Guayas y finalmente ser integrante de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF).

Con Panamá fue uno de los responsables del traspaso del otrora crack y goleador del balompié ecuatoriano, Evelio El Corcel Ordóñez a El Nacional, uno de los equipos más importantes e históricos del país. El valor de la operación fue $ 100 mil.

Molina ha tenido cientos de reconocimientos profesionales, académicos y deportivos a lo largo de su vida. Uno de ellos el de Mejor Dirigente Deportivo del Guayas, en 1993.

Decidieron un Mundial

Ese empeño que le puso en su vida al deporte, lo llevó a formar parte de la delegación de la FEF que decidió la realización del Mundial de Fútbol 2002 en Japón y en Corea del Sur.

“En 1995 estuve en Mar del Plata, Argentina, junto a Galo Roggiero (+) y Carlos Coello, ambos directivos de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Aquí se acordó que el torneo se juegue en los estadios de ambos países. Tuve la suerte de conocer a Joao Havelange, presidente de la FIFA, en esa época”, puntualiza.

Molina también destacó en el servicio público y en la academia. Ocupó altos cargos en diferentes gobiernos y ha ejercido la cátedra universitaria en distintos centros de educación superior.

Julio mantiene intactos sus lazos de amistad con todos los que empezó el proyecto deportivo y social denominado Juventud Valiosa.

En contadas ocasiones llega a su querida Atarazana para reencontrarse con esos amigos de toda la vida.

El legado de este deportista, dirigente, empresario y formador de jóvenes seguirá latente, mientras ruede un balón en la calle o en alguna cancha de la ciudadela donde todo empezó. (I)

Portada, fotografías y videos: Atarazana Go!

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