Manolo Castro: “Músicos no están forjando su marca propia”

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Los años 80 tuvieron algunas particularidades que incidieron en la consolidación del rock guayaquileño, cuyas repercusiones se extienden hasta estos días.

Fue una época en que los alumnos de determinados colegios porteños integraron diferentes bandas musicales, para tocar en sus eventos internos y en presentaciones particulares.

Estas agrupaciones se caracterizaron por interpretar las baladas del momento y, en ciertos casos, incursionaron en el rock.

Los colegios Vicente Rocafuerte, Cristóbal Colón, Javier, Liceo Naval, entre otros, llevaron la batuta en ese sentido.

En el primero de los establecimientos citados en el párrafo anterior, hubo una banda que se llamaba Vic Roc.

Los hermanos Iván y Luis Castro Miranda formaron parte de la alineación, cuando estuvieron en el emblemático centro educativo guayaquileño.

Pero hubo un Castro más -de la misma familia- que también transitó por la banda, y quien años después se convertiría en uno de los mejores y virtuosos guitarristas de la urbe: Manolo Castro.

Para Iván, Luis y Manolo, la pasión por la música no es una coincidencia. Seguramente en su sangre no solo fluyen glóbulos rojos, blancos y plaquetas, sino también notas musicales e infinidad de acordes.

Y esto no es una hipérbole, pues los hermanos Castro son hijos de doña Beatriz Miranda Núñez (+), destacada pianista y maestra de música, y de don Gonzalo Castro Rodríguez, un reconocido arpista que acompañó en su época a artistas de la talla de Julio Jaramillo o las legendarias hermanas Mendoza Suasti.

El VR, donde empezó todo

Mientras cursaba el cuarto año, Manolo se sintió atraído por la entonces banda de guerra del Vicente Rocafuerte.

El ruido de los tambores, bombos, trompetas, platillos y otros instrumentos le resultó muy novedoso.

Además, para este adolescente era común ver diariamente a su padre ensayando, en casa, junto a otros músicos.

Del mismo modo, sus hermanos ya integraban Vic Roc y eran regulares las conversaciones sobre canciones, otros grupos y similares.

Todo este escenario despertó una enorme curiosidad en Castro, quien hoy -a más de ser guitarrista y productor musical- tiene una licenciatura en Publicidad y Marketing, otorgada por la Universidad Laica Vicente Rocafuerte.

Cierto día que Iván y Luis iban a ensayar al colegio, su madre les pidió que llevaran a su hermano Manolo.

Este quizás es uno de los momentos que marcaron para siempre la vida de Castro.

“Fue la primera vez que los vi tocar. No eran muchas canciones en inglés las que se interpretaban, la mayoría eran en español. Recuerdo que Jimi Hendrix estaba de moda”.

El adolescente quedó fascinado. A tal punto que acudir a cada reunión de los Vic Roc se convirtió casi en un acto religioso para él.

“Una vez que algunos integrantes del grupo -entre ellos el baterista- llegaron tarde, me senté frente al instrumento. Comencé a golpear los tambores y los platillos. No sabía bien lo que hacía, pero sentí que me conecté de inmediato”.

A partir de ese momento Manolo tomó la decisión de escuchar a las mismas bandas que sus hermanos, con el fin de sacar el ritmo de la batería.

Para esto, Iván ya le había hecho alusión a grupos que, a la fecha, forman parte de la historia musical de Guayaquil, como Freedom, Boddega y Los Corvets.

Los años pasaron y Castro hizo la respectiva audición para sumarse a Vic Roc.

“Tocaba ciertas canciones, pero otras no me salían bien. Al calor de los ensayos me las aprendí”.

Su hermano Iván, quien había egresado del colegio, fundó otro grupo y decidió llevar de vez en cuando a Manolo, para que los acompañe.

Era como la atracción, pues no era común ver a un adolescente tocando los tambores en estas presentaciones.

Quizás sin que se percataran, don Gonzalo venía observando todo esto y compró una batería en el almacén J.D. Feraud Guzmán.

El instrumento trajo total felicidad a los entusiastas músicos, sin embargo, esto duró solo por unos cuatro meses.

“Tocábamos a cada momento y eso nos provocó problemas con los vecinos por el ruido. Además, nos estábamos cruzando con los horarios de ensayo de mi papá. Es entonces cuando decidió venderla”.

La tristeza también fue breve, pues los jóvenes Castro ya tenían dinero ganado en las presentaciones particulares, y con esos ahorros adquirieron otra batería marca Tama, de segunda mano, en el almacén Parramont.

“Cuando él llegó y la vio, no dijo nada. Se hizo al dolor, pero nosotros nos organizamos para evitar inconvenientes”.

Manolo estaba cada vez más presente en los conciertos que daba su hermano con el grupo que fundó: Stop (posteriormente se llamaría Quartz Band).

En el colegio, el novel baterista -que ya cursaba los últimos años- sugiere denominar a la banda Vic Rock, es decir con la letra “k” al final.

La idea, según cuenta, era darle más identidad rockera a la agrupación.

Previamente a esto, Castro se acercó a la guitarra, tal como ocurrió con la batería, también por curiosidad. Había aprendido de su hermano (seguidor de Eddie Van Halen, Jimmy Page y Jimi Hendrix) y, de vez en cuando, tomaba el instrumento en búsqueda de encontrar una armonía.

“Todos se sorprendieron y decidieron hablar con el profesor de música, para que yo dejara la batería y asumiera las seis cuerdas”.

Con Vic Rock tuvieron múltiples presentaciones en diferentes colegios y otros eventos.

Ya cerca de convertirse en mayor de edad, Manolo comienza a acudir a los conciertos de Abraxas o Spectrum, en distintos sitios de la urbe. Es entonces cuando se codea con quienes estaban en la escena rockera de la Perla del Pacífico.

La llegada a Blaze

A escasos meses de graduarse, Castro recibe una llamada telefónica que sería definitiva en su carrera dentro del rock ecuatoriano.

Al contestar, del otro lado de la línea estaba nada más y nada menos que Dennis Mancero, guitarrista rítmico y líder de la considerada como la mejor banda y referente del Ecuador en el thrash metal: Blaze.

“Yo los vi tocar en el colegio Guayaquil. Ellos ya habían dado pasos importantes en la escena. Tenía recelo porque todavía estaba junto a mis compañeros del colegio”.

“Ellos -expresa sobre Blaze- querían que los acompañara en unos recitales, a los cuales el guitarrista titular no podía asistir por diferentes motivos”.

Manolo aceptó la invitación, con la condición de que ello no afectara sus tocadas con los compañeros del colegio.

Finalmente, Castro se gradúa del VR y se mete de lleno con la nueva agrupación, que en esa época estaba conformada por: Dennis Mancero, Xavier Abarca, Juan Carlos Alza, John Érick Rodríguez y Fabián Erazo.

A partir de ese instante, arranca una carrera vertiginosa que, con el paso de los años, posiciona a esta agrupación en los primeros sitiales de las bandas rockeras del país.

Aparecen entonces el sencillo Death Machine (1985), que incluye uno de los himnos del metal ecuatoriano: “No podrás con él”.

Tres años después se presenta Cancerbero, el cual contiene el tema de ese mismo nombre y el clásico “From here to eternity”.

Estas canciones se convirtieron en referentes en Ecuador.

En 1989, Blaze recibe un reconocimiento por parte de la cadena internacional MTV, que había organizado un concurso entre agrupaciones del país.

En todo ese tiempo se produjeron varios cambios, pero siempre sobrevivieron Manolo y Dennis.

Castro tiene en su memoria momentos y presentaciones gloriosas con la banda, pero hay una que destaca: la tocada en la Teletón que organizó Ecuavisa.

“Nadie en el canal se esperaba a una banda de rock pesado. Pensaban que se trataba de un grupo juvenil más de esa época, que iba a presentar un tema comercial. El único que nos conocía era quien nos llevó al set. Lo cierto es que tocamos ‘No podrás con él’. Los camarógrafos se asustaron y la jefa de piso nos quería cortar”, rememora entre risas.

De acuerdo a Manolo, tras esa presentación, el movimiento rockero del país experimentó un fuerte impulso y los jóvenes valoraron más al metal nacional.

Una década después de Cancerbero aparece Six Feet into Reality, una producción de 13 temas; y en 2002, un disco homónimo con 14 canciones; así como el CD Siempre vivos en el Quixote.

En 2015, bajo la producción de Mancero, surgió un compilado llamado Antología con 18 melodías.

No ha muerto

Sin el ánimo de polemizar con sus amigos y compañeros de la banda, Manolo Castro considera que Blaze no ha muerto.

Desde su óptica, lo que ha sucedido es que dejaron de tocar por la ausencia de varios integrantes.

“Queríamos seguir, pero James Sloan vive en Quito y Juan Carlos Alza, así como otros miembros ya no están. Audicionamos a varias personas, pero les daba temor quedarse. Ese fue un error de ellos porque en el camino los podíamos pulir”.

Según explica, continuaron con Pérez y Mancero por un buen tiempo, y cuando había presentaciones en directo, contrataban a colegas conocidos.

Empero, el vocalista también se marchó y todo quedó prácticamente reducido a un dúo en el que Castro podía tocar el bajo, la batería y hacer los solos; mientras que Mancero se encargaría de la guitarra rítmica y de la producción.

Ambos siguieron componiendo canciones, pero no había quién las interpretara.

Como al inicio de esta historia, otra vez Dennis llamó a Manolo para indicarle que era hora de hacer una despedida.

“No estuve de acuerdo. Nos disgustamos en ese momento, pero luego retomamos nuestra amistad. Yo no lo vi como el fin. Para que esto se termine debía estar la mayoría de los integrantes que pasaron por Blaze”.

Castro continuó haciendo música. Empezó a trabajar con Pamela Cortés y otros cantantes de la ciudad.

Así mismo, fue convocado para acompañar al argentino Leo Dan y al venezolano Ricardo Montaner, en determinados conciertos.

En 2016, presentó el video “La raíz del temor” junto a Cortés (2.463 vistas); al año siguiente, como solista, lanza “Mátenlos” (1.580); y a inicios de julio de 2022, “Electroloco”, un tema de Blaze, en donde canta James Sloan.

La huella musical, lo importante

Manolo Castro se remontó al pasado para recordar cómo trabajaron los músicos en los 80 y cuáles eran sus dificultades.

“Lo único que había era amor por el rock. La mayoría carecíamos de instrumentos y de amplificadores. Ni qué decir de un carro para movilizarnos”.

Las guitarras, bajos, baterías y otros implementos los pedían prestados a los amigos y conocidos que tenían posibilidades económicas para comprarlos.

Los ensayos con Blaze se realizaron en el domicilio de Dennis Mancero o de Juan Carlos Alza.

“Yo reparé y usé los cables que desechaba mi hermano, y con eso me ayudaba”.

Para sacar los acordes de una canción, primero tenían que acceder al disco. Y eso no era tan sencillo. Los mejores acetatos de rock eran importados y caros, lo cual dificultó más conseguirlos.

Cuando lo hacían, los grababan en casetes para todos los del grupo y de ahí en casa iniciaban largas jornadas para escuchar una y otra vez, hasta encontrar las notas respectivas.

Actualmente -manifiesta Manolo- basta con entrar a YouTube para hallar todo sobre una canción.

Hoy, este seguidor acérrimo de Jimi Hendrix, Frank Marino, Steve Vai, Frank Zappa y Eric Clapton posee una colección de 34 guitarras.

Aún conserva la primera que compró y que corresponde al modelo que usó Brian May (Queen), en el disco Queen Jazz.

Castro guarda un profundo respeto por las personas que se mantienen en la escena y organizan eventos musicales.

Admite que existen muy buenos músicos y bateristas en el medio. Incluso ya hay una universidad donde pueden especializarse, antes solo estaba el conservatorio.

Lo que le desconcierta es que esos artistas se especializaron en emular a sus guitarristas y drummers favoritos, pero no se han preocupado en forjar su propia huella musical.

“Siento que se dedican a copiar bien. Creo que deben ser más creativos. Técnicamente se han desarrollado, sin embargo, les falta originalidad”.

Para Manolo, no todo es tocar rápido un instrumento o alcanzar las mismas notas de los otros grupos famosos, lo importante es diferenciarse del resto.

Castro está consciente de que todos empezaron imitando a sus referentes, empero hoy es urgente que los músicos desarrollen sus propios sonidos.

Ese es el consejo del menor de los Castro Miranda, un guayaquileño que nació en ese mundo, creció entre arpas, pianos, guitarras y partituras, y que sobre la base de su experiencia y trayectoria busca aportar a las nuevas generaciones. (I)

Portada, fotografías y videos: Atarazana Go!

Nota: Los audiovisuales de las canciones en solitario de Manolo Castro fueron tomados de su cuenta personal, en la red YouTube.

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