“Si Dios no me quiso llevar es para poder contarlo”

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En días pasados, un maestro pintor retocaba las pequeñas paredes del kiosco verde ubicado en los bajos del bloque 4, de La Atarazana, al pie de la avenida Carlos Luis Plaza Dañín.

Esa estructura metálica, es el espacio en donde Omar Jaramillo atiende a sus clientes desde hace varios años. Antes, lo hacía en una carretilla, pero el Municipio de Guayaquil, le entregó ese nuevo sitio para trabajar.

“Omar Burger” como es conocido este vecino de la ciudadela cerró su negocio por cuatro meses, ante el desconcierto de amigos y comensales.

Sí, aquel sitio hasta donde llegan regularmente centenares de moradores de La Atarazana, de la FAE, de Los Álamos y demás sectores de la ciudad, para degustar hamburguesas al carbón, bajó sus puertas por primera vez, en un lapso jamás antes sucedido.

Su fundador y propietario estaba afectado por un problema cardiaco, producto de las quimioterapias a las que se sometió, tras detectársele un Linfoma no hodgkiniano (cáncer del tejido linfático).

“En 2008 se me presentó esto y me tuve que someter a quimioterapias. El tratamiento provocó problemas en mi corazón que los detecté en 2014”, cuenta Jaramillo.

Con el paso del tiempo, explica, las molestias aumentaron y se le desarrolló una insuficiencia cardiaca. Es decir, el corazón dejó de bombear sangre de manera eficaz.

Los familiares de Omar y él comprendieron que era necesario actuar rápido.

La única opción para este caso era un trasplante de corazón.

Jaramillo se hospitaliza de manera urgente en una casa de salud del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), pero por la complejidad de su situación, a los pocos días es llevado hasta la Clínica Guayaquil.

Dos pacientes más también estaban a la espera de un donante.

La preocupación se apodera de la familia y de los amigos más cercanos que seguían de cerca su estado de salud.

A los seis días de estar asilado, los médicos informan sobre la llegada de un corazón. Luego de varias pruebas, se determinó este no era compatible con los otros pacientes, pero sí con Omar.

El 31 de julio, Jaramillo entró al quirófano. A las 05:00 empezaron los preparativos y a las 09:00 inició la cirugía.

“No me despedí de mis familiares. Les dije a todos que iba a salir bien. Nunca esperé esta operación, sin embargo, esto que me ha pasado es un milagro de Dios. Es el Creador quien decidió que yo siga aquí”.

Tras 9 horas en el quirófano, Omar es trasladado a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la clínica. A las dos horas reaccionó.

En casos similares, las personas suelen recuperar la conciencia luego de 5 horas y en otros, tras varios días.

“Cuando me desperté, no sabía qué pasaba. Trataba de recordar, pero no atinaba. Las enfermeras se me acercaron y al verme así, me dijeron que me tranquilizara, que ya tengo mi corazón nuevo. Es ahí cuando volví a la realidad”.

Jaramillo permaneció por varios días en una sala, bajo estrictos controles médicos.

El 9 de agosto, los galenos le dan el alta para que continúe con su proceso de recuperación, en casa.

“Esto dura entre 6 meses y un año. Para mí ha sido todo muy rápido y positivo. Es un milagro lo que me ha pasado a mí. Esto tiene un fin. Si Dios no me quiso llevar es para poder contarlo”.

Omar tiene varias reflexiones de todo lo que le ha pasado. La primera y quizás la más importante es que el Creador tiene un propósito con él.

Por eso les envía un mensaje a sus amigos y conocidos: “Si Dios te da una oportunidad, cambia. Mejora tus relaciones con tu familia y tu entorno, lleva una mejor vida”.

Este chef guayaquileño, que también tiene el título de abogado, destaca la importancia de donar órganos.

“Quienes lo hacen, dan vida”, lo sostiene en una frase. Jaramillo no conoce mucho de su donante, salvo que es una persona de aproximadamente 35 años.

“Me siento contento y a la vez agradecido por todo esto. Espero que quien me dio este corazón, se encuentre junto al Padre Celestial”.

Omar tenía prevista la reapertura de su negocio para finales de noviembre, pero decidió tomarse unos días más.

Las personas que ya lo han visto en la calle, lo saludan con mucha cordialidad.

El retorno de “Omar Burger” está muy cercano. Por ahora, su propietario alista nuevos equipos, nueva imagen y en el momento menos pensado, sus clientes lo verán atendiendo en el mismo sitio donde ha trabajado en los últimos 34 años. El destino quiso que sea así. (I).

Omar tiene dos títulos profesionales y un reinado que supera las tres décadas | Atarazana Go!

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