Andrea y Víctor sobreviven a sus tragedias ayudando a otros

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Dos historias durísimas de vida son el denominador común entre la catedrática Andrea Losada y el activista Víctor Huerta.

Ella perdió a Jaime Villagómez, al hombre que más amaba tras un ataque de sicarios ocurrido en El Buijo en 2022. Apenas un año antes se habían casado.

En cambio, Huerta fue víctima de un brutal secuestro extorsivo, en 2020, el cual lo obligó a tratarse con especialistas médicos por varios meses.

Ambos participaron el miércoles 28 de febrero de una conferencia-testimonio en el auditorio Honoris Causa de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES).

La charla fue ante más de un centenar de personas, entre autoridades de ese centro de educación superior, invitados especiales y estudiantes.

En sus intervenciones no solo describieron con muchos detalles lo que vivieron, sino también expusieron cómo han podido sobrellevar estas difíciles situaciones.

Cada alocución se convirtió en un llamado a la reflexión y, a la vez, en una especie de terapia acorde con el nombre de la conferencia: “Cómo hacer del dolor una misión de vida”.

 “También me mataron”

La fortaleza de la guayaquileña Andrea Losada (43) es sorprendente. Admirable. Seguramente muchos de los que fueron a la conferencia pensaron que se quebraría en más de una vez, pero se equivocaron. Eso nunca pasó.

La participación de la también directora de Asuntos Internacionales de la UEES se extendió por cerca de 42 minutos.

Era la primera vez que contaba con detalles lo sucedido aquel fatídico día. A Jaime (35) lo había conocido en una fiesta de amigos en común.

Varios meses después empezó una relación en la que había una coincidencia importante: el amor por la vida y por los animales.

No solo fueron novios y grandes amigos, se convirtieron en rescatistas de cuanto animal abandonado se cruce por su camino.

El crimen ocurrió en vísperas de una ceremonia con la familia y amigos, prevista para finales de 2022, con motivo de su matrimonio.

Aquella noche del 20 de mayo habían salido como de costumbre a compartir unas bebidas y piqueos con sus allegados.

“De repente alguien decidió que debía terminar con la vida de él. A Jaime lo asesinaron de 8 tiros: cuatro que lo tiraron de la mesa y cuatro más, mientras él yacía en el suelo. No hubo chance de nada”, narró.

Andrea añadió que aún no tiene clara la magnitud de lo sucedido, de lo que sí está segura es que aquella noche no solo mataron el cuerpo físico de su pareja, pues hubo una muerte más: la de ella.

“Ese día mataron a Jaime, pero también me mataron a mí. Lo primero que hice en ese momento fue lanzarme sobre él y abrazarlo. Todavía estaba vivo. Lo miré a los ojos y le dije: Aguanta. No te voy a dejar solo. Nunca te voy a dejar solo”.

Losada narra el hecho con vehemencia. Lo hace como si lo estuviera viviendo otra vez. Es como si proyectara todo lo que pasó aquel día.

“Cuando miré hacia arriba sabía que se había ido y que ya no estaba. Miré alrededor y fue como una película. Todo lo que habíamos vivido empezó a pasar frente a mí. Nada tenía sentido. Yo no quería estar”.

A medida que Andrea contaba su historia a sus espaldas se proyectaban imágenes en donde estaban ella y Jaime.

Las miró una y otra vez. Su expresión cambió en varias ocasiones. Se aferró al micrófono con las dos manos como si se tratase de un crucifijo. A veces guardó silencio, pero a los pocos segundos continuó hablando.

“Si el amor de tu vida no está, entonces qué sentido tiene la vida”, se preguntó la educadora.

La rescatista no se refirió a lo que fue el velorio y el posterior sepelio de su amado Jaime, lo que sí hizo es explicar cómo nació una nueva persona dentro de sí.

“Hay una nueva vida que no habría aparecido si es que no pasaba esto. Es duro que de algo tan feo aparezca un regalo. Ahora lo puedo decir. Esto también me dio vida”.

De ahí dividió varios aspectos de su vida en 4 etapas de aprendizaje: muerte del personaje, renacer de ella (autodescubrimiento), afinar la herramienta (cambio de hábitos) y compartir (su experiencia).

Andrea aclara que no hubo un orden secuencial en esta etapa posterior al asesinato. Asimismo, admitió que en más de una ocasión pensó en quitarse la vida.

“Este hecho me permitió llegar a otra fase de mi vida y es entonces cuando empecé a conocerme. En la búsqueda por encontrar a Jaime me encontré a mí misma”.

Ese ir y venir con terapistas y especialistas que la ayudaron le permitió absorber mucha información que hasta ese momento no conocía.

“Empecé a compartir todo eso con la gente que estaba cerca de mí. Sentí como una magia. Eso sale de adentro. Se construye de adentro hacia afuera y me permitió saber que uno viene al mundo para servir, no para servirnos del mundo”.

Poco antes del cierre de su conferencia, Andrea Losada mostró un tatuaje en su brazo que se lo hizo en 2017. Es una frase que traducida al español quiere decir: “No hacer daño”.

Jamás imaginó que cinco años después iba a vivir una tragedia como el asesinato de su pareja.

En su despedida hizo un llamado para que los ciudadanos cambien el chip de sus vidas y evalúen lo que están haciendo por su futuro.

Andrea agradeció a todos los presentes. Tomó otra vez el micrófono con sus manos y se inclinó haciendo una reverencia.

El auditorio la aplaudió por varios minutos. Algunas personas se acercaron a abrazarla y ella les correspondió.

Un secuestro que lo cambió todo

Eran cerca de 12:30, cuando el empresario Víctor Huerta Jouvín (47) tomó el micrófono para contarles a quienes acudieron al auditorio lo que fue su compleja experiencia.

Antes de iniciar abrazó a su colega expositora del día, Andrea Losada. Fue un gesto de solidaridad y de aprecio.

Este guayaquileño es nieto de uno de los referentes de la industria papelera de Guayaquil y, a la vez, fundador del grupo La Reforma: Jacinto Jouvín Arce.

Huerta manifestó que durante su juventud y en adultez estuvo lleno de comodidades y que no le era necesario esforzarse demasiado en el trabajo por cuanto lo tenía todo.

A pesar de ello aprovechó las oportunidades que tuvo para educarse en Inglaterra y en Estados Unidos.

En 2020, el destino le jugó una mala pasada al también consultor empresarial.

Un costoso seguro antisecuestros de la familia fue el motivo para que una de las bandas delincuenciales más peligrosas del país convirtieran a Huerta en su objetivo.

“Me hicieron un seguimiento por cerca de 4 o 5 meses. Hackearon mi WhatsApp y mi correo electrónico. A esto se suma la complicidad del administrador de la ciudadela donde vivía en esa época”.

A Víctor le lanzaron como “señuelo” a una agraciada chica, con la que mantuvo relaciones íntimas y consentidas en su casa. Jamás imaginó que estaba cayendo en una peligrosa trampa.

A Huerta lo intentaron extorsionar, ya que quisieron acusarlo de abuso sexual, pero jamás cedió ni se pudo comprobar eso. Es entonces cuando se vino lo peor para él.

Un día se encontraba en las inmediaciones de la denominada “zona rosa” del Puerto Principal y a plena luz del día es secuestrado.

“Fui llevado a una finca cerca del cantón Naranjal. Percibía el olor a mangos. Estaba en una pequeña habitación. Unos sujetos colombianos hicieron este trabajo”.

Víctor manifiesta que durante 5 o 6 días gritaba por su vida. Le tocó experimentar circunstancias indescriptibles.

Lloró y habló solo muchas veces. Sentía que estaba enloqueciendo. No sabía si estaba de día o de noche.

Finalmente, los familiares de Huerta accedieron a pagar por su rescate y sus captores lo dejaron abandonado en Urdesa Central.

Él solo corrió. No tenía un destino fijo. No sabía a dónde ir. Sus fuerzas lo llevaron hasta la iglesia Redonda de esa ciudadela. Ahí se aferró al sacerdote en medio de las personas que lo miraban y lo identificaron.

Su impresionante narración impresionó a las autoridades de la UEES y a todos los asistentes.

La recuperación sicológica de Huerta era el siguiente paso en su vida. Estuvo en Paraguay y en Perú junto a varios especialistas.

Luego regresó a Guayaquil y se acomodó en una propiedad de la familia paterna, ubicada también en Urdesa, donde recibió innumerables terapias.

Es ahí donde Huerta Jouvín empieza a escribir su historia en pequeños papeles, que meses más adelante se convertirían en el libro: “Señuelo 17”.

La obra fue presentada en Guayaquil y poco a poco empezó a posicionarse.

Pero Víctor no se quedó ahí. Su idea era ahora compartir todo lo vivido en el secuestro y el proceso de recuperación.

Funda entonces el Movimiento No Violencia Ecuador, una organización no gubernamental financiada con sus propios recursos y los de su familia, la cual hoy tiene oficinas en Guayaquil, Quito y Cuenca.

Huerta empezó a recorrer el país dictando conferencias en universidades, centros educativos y otras entidades.

Ha participado en eventos de distinta índole que promueven la paz social. No dudó en asistir a marchas importantes como la del movimiento LGBTI, en las calles del Puerto Principal, con la premisa de defender los derechos de estos ciudadanos.

El empresario representa en el país a la Fundación No Violencia ONU, cuya fundadora es Yoko Ono, exesposa del asesinado líder de Los Beatles, John Lennon.

Ellos le autorizaron el uso del revólver anudado, símbolo de la no violencia en el planeta.

Huerta recordó que hoy la tecnología les permite a las personas acceder a dispositivos antisecuestros.

“Se colocan de manera subcutánea sin causar mayor dolor. Pueden ser de mucha ayuda”.

Del mismo modo aconsejó a los asistentes tener cuidado con los desperdicios que arrojan a la basura, pues su contenido es información valiosa para los delincuentes.

La colocación de cámaras de vigilancia dentro y fuera de casa o de las oficinas personales constituyen herramientas importantes.

“Así como todos tenemos un médico de cabecera es fundamental contar con un abogado penalista de confianza. Él sabrá cómo actuar cuando se presente una emergencia de este tipo”.

Huerta dio otros tips que pueden ayudar. El cierre de su intervención lo hizo mostrando el slogan de su movimiento: “Piensa en grande, cree en ti y actúa”, de Maco. Unas palabras y vinieron los aplausos.

Andrea y Víctor, en medio de sus distintas desgracias, se han armado de valor para ayudar a los demás. Son motivadores, consejeros y hasta terapistas.

La nobleza de su corazón superó los momentos más difíciles de sus vidas. (I)

Portada y fotografías: Atarazana Go!

 

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