Son las siete de la noche del jueves 19 de febrero y el hall de la Sala Experimental del Teatro Centro de Arte, en Guayaquil, empieza a llenarse de personas.
En los exteriores, en cambio, cae un diluvio acompañado de relámpagos y de poderosos truenos.
La gente, en su mayoría de edades superiores a los 55 años, llega algo mojada a este recinto, pero eso sí muy entusiasta.
Esa noche serían testigos de un evento musical de altísima calidad y a la vez aportarían a una causa solidaria en beneficio del legendario teclista, Bilo Albán, quien presenta una insuficiencia renal grado 4 desde hace unos meses.
En términos médicos eso significa un funcionamiento muy bajo de los riñones, el cual debe ser tratado lo más pronto posible para evitar problemas más graves en la salud.
En la sala de espera Bilo camina de un lugar a otro. Luciendo lentes oscuros, un sombrero gris y una camisa ploma, sube y baja las escaleras sin parar. Él se encarga de recibir personalmente a todos los que llegan al recital.
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Muchos lo abrazan con calidez y lo besan en las mejillas como una muestra de respeto y aprecio. Hay charlas breves, risas, anécdotas, algunos con una copa de vino y otros con una cerveza en mano.
Es que Albán no es cualquier músico. Él, posiblemente, sea el mejor tecladista de Guayaquil de los últimos treinta años. Ha dado una muy buena parte de su vida a este arte.
A eso de las 20:15, las personas empiezan a ingresar al salón donde se presentarán: Batukka, The Macca Band, Rock of Age, Gustavo Pacheco, Amar Pacheco, Jorge Andrade, Emily Albán y Rafaella Sáenz.
Ya en el interior, los asistentes se acomodan en sus respectivos puestos en completo orden, sin embargo, de repente sucede algo que pocos esperaban: Bilo pasa mesa por mesa saludando y fotografiándose con cada grupo.
Las gráficas las capta su hijo Billy con un teléfono celular. Es una acción profundamente emotiva. Es como un agradecimiento personal, íntimo, de corazón y del alma por parte de Albán. Son minutos de un significado difícil de explicar, pero que llegan a lo más profundo de la conciencia.
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Kathy de Albán (cuñada de Bilo) fue la encargada de dar la bienvenida a todos cuando el reloj marcó cerca de las 20:30, luego tomó la posta Roxana Rivadeneira como animadora oficial del recital.
Jazz exquisito, la entrada
El inicio de la velada no pudo ser mejor. Dos talentosas chicas Emily Albán (sobrina de Bilo) y Rafaella Sáenz abrieron la noche con una soberbia presentación pocas veces vista en escenarios guayaquileños.
El jazz no es el género más conocido en el medio guayaquileño. Sin dudas, tampoco es muy elevado el número de personas que lo disfrutan, sin embargo, quienes aman a estos ritmos afroamericanos nacidos en el siglo XIX, en Nueva Orleans, pudieron ver una presentación excepcional en el denominado Rock por Bilo.
Rafaella posee una voz maravillosa. Tiene talento en el escenario y mucho dominio sobre el público.
Emily, desde hace mucho tiempo, está en un nivel estratosférico musicalmente hablando.
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La joven hija de Andrés Albán (líder de Spectrum y de Rock of Age) toca su Roland Go Keys como una verdadera maestra. Es pura magia lo que ella genera con ese instrumento. Pero esto no es una casualidad, pues Emily teclea desde los 6 años y desde los 11 ya subió a las tarimas.
Ambas prepararon un repertorio con los temas: “You know I’m no Good” (Amy Winehouse) , “Michelle” (The Beatles), “My funny Valentine” (Chet Baker), y “Roxanne” (The Police).
El carisma, el talento y la belleza de las chicas encantó a todos quienes se dieron cita al evento benéfico por Bilo.
Un viaje a los 70’s
Tras la soberbia interpretación de Emily y Rafaella le tocó el turno a Batukka. Esta banda, liderada por Andrés y Bilo Albán, llevó a los asistentes a un viaje al pasado, a una época memorable e irrepetible en toda la historia de la música.
Cuando se combinan belleza y talento, nada, nada puede salir mal y eso es exactamente lo que sucede con esta agrupación.
Batukka trajo al evento un miniespecial en homenaje al cuarteto sueco ABBA, uno de los referentes de la denominada música disco.
Las vocalistas Andrea Castillo y Karen Aguirre son las Agneta Faltskog y Anni Frid Lynnstad, pero en versión ecuatoriana.
Ellas, junto a Yamil Chedraui, en el bajo; Alejandro Alfaro Moreno, en la guitarra; Billy Albán (hijo de Bilo) en los teclados y Andrés Albán, en la batería, interpretaron varios éxitos de los europeos.
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“Voulez vous”, “Mamma mia”, “Gimme! Gimme! Gimme!”, “Chiquitita”, “Lay all your love on me” y la emblemática “Dancing Queen” estuvieron en el repertorio.
El público vibró con cada tema. Hubo personas que se levantaron de sus sillas y bailaron como si estuvieran en una discoteca setentera.
Su despedida se dio entre sonoros aplausos y el anuncio de que para el mes de mayo se presentarán nuevamente.
Llegó la beatlemanía
Cerca de las 22:00, un grupo de jóvenes con melenas similares a las de The Beatles hicieron su aparición en la tarima del teatro.
Eran Brian Paul Del Valle y sus compañeros quienes se apoderaron del escenario.
The Macca Band es una agrupación guayaquileña que le rinde tributo a los escarabajos de Liverpool, pero sobre todo al cantautor y multiinstrumentista de esa banda, Paul McCartney.
Ellos junto a Andrés y Emily Albán tocaron superclásicos como: “Can’t buy me love”, “I want to hold your hand”, “I saw her standing there”, “Get back” y “Hey Jude”.
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Cuando todos pensaban que su participación había concluido tocaron la memorable “Twist and shout”.
La presentación y la escenografía fueron muy atractivas para quienes llegaron al evento benéfico por Bilo.
Los Pacheco en acción
La noche iba avanzando y con ella más artistas en la escena. Ahora le tocó el turno a uno de los mejores guitarristas de la historia del rock ecuatoriano: Gustavo Pacheco.
Él apareció acompañado de su hija Amar y con el esposo de ella: Jorge Andrade. A ellos se sumaron tres Albán: Andrés, en la batería, y sus hijos Santiago, en el bajo, y Emily, en los teclados.
Pacheco no se guardó nada y de entrada demostró su dominio total sobre el instrumento.
El super clásico ochentero “Careless Whisper”, del recordado vocalista y compositor británico George Michael fue la carta de presentación.
Pacheco puso el alma en esta balada, mientras que Jorge y Amar cantaron como los dioses. Fue algo casi celestial ver la espectacular interpretación de todos.
De ahí vinieron canciones como: “While my guitar gently weeps” (The Beatles), “María María” (Santana) y “Soul sacrifice” (Santana).
Gustavo hizo un alto para agradecer al público por los aplausos y el cariño brindado, pero también para contar una anécdota acerca de Bilo Albán. (Ver video)
El guitarrista llamó al escenario a Bilo y tocaron junto a Andrés y Santiago. Fue uno de los momentos más épicos de la noche. Incluso hubo un solo de batería y otro de teclados, los cuales fueron vitoreados por los asistentes.
Apenas concluyó la canción Bilo tomó el micrófono. Ahí agradeció la presencia de casi 240 personas en el teatro.
“Es una noche fantástica. Le agradezco al organizador que es mi adorado hermano Andrés. Le agradezco también a las bandas por su apoyo desinteresado”.
En este momento de la noche Albán reveló que padece una deficiencia renal de grado 4. Así mismo, manifestó que su mejor medicina es la familia, la música y sus amigos. (Ver video)
Minutos después de esa intervención apareció Andrés. Él también contó una interesante anécdota junto a su hermano. (Ver video)
Un cierre a puro hard rock
Unos minutos antes de las 23:00, Rock of Ages (una de las bandas de Andrés) se apoderó de la tarima. Ellos rindieron un tributo a la histórica agrupación australiana de hard rock, ACDC.
Si todos los espectáculos descritos en esta crónica fueron extraordinarios, este no podía ser la excepción. Aquí hay que destacar el trabajo de dos músicos, los guitarristas Santiago Albán y Alejandro Alfaro Moreno.
El primero emuló a Angus Young y el otro al cerebro de ACDC, Malcom Young (+). No es que este texto periodístico minimice el rol de Yamil Chedraui, en la voz o de Andrés en la batería. Para nada. Simplemente Santi y Alejandro fueron los monstruos de la noche.
Y esto porque Alfaro Moreno tuvo bajo sus hombros toda la armonía y el compás del grupo Rock of Age, en cambio Albán (hijo) fue un terremoto en la tarima. Hasta apareció vestido igual al legendario Angus, es decir, con traje de escolar.
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Santi desde hace rato dejó de ser un guitarrista en proceso de formación. La habilidad de este joven con la guitarra y su puesta en escena, lo convierten sin dudas en uno de los mejores con este instrumento en Guayaquil.
Albán tocó encaramado en los hombros de Alfaro Moreno, luego bajó del escenario y guitarreó en medio del público, de ahí se lanzó al piso en el escenario y giró tal como lo hace Angus Young. El teléfono de Yamil salió volando cuando Santi accidentalmente derribó el micrófono.
Este par de jóvenes ya dejaron de ser una promesa en lo musical. Ambos son guitarristas de verdad y tienen un gran futuro por delante.
Rock of Age tocó varios de los clásicos de la banda australiana.
“Thunderstock”, del disco The Razors Edge (1990) fue la apertura. Le siguieron “Back in Black” y otras. En una parte del recital Santi tocó un solo de guitarra, el cual fue aplaudido por todos.
El superhimno y tema preferido de Bilo Albán: “It´s a long way to the top if you wanna rock and roll”, que aparece en los discos “High Voltage” y “TNT”, fue uno de los interpretados por el grupo.
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En esta parte del evento Yamil Chedraui demostró por qué es uno de los mejores cantantes de la escena rockera de la ciudad. Su versatilidad, su profesionalismo y su talento no tienen comparación con nadie en el Puerto Principal.
Este vocalista puede cantar hoy los complejos temas que interpreta Brian Johnson (voz de ACDC), pero mañana puede hacer lo mismo con Bruce Dickinson (Iron Maiden), Erick Adams (Manowar), Phil Anselmo (Pantera) o Adrián Barilari (Rata Blanca), entre otros.
El concierto para recaudar fondos a favor de Bilo llegaba a su fin, pero aún faltaba algo más.
Todos los músicos que participaron esa noche fueron convocados al escenario. Faltaban dos canciones más: una de Deep Purple y otra de The Doors.
Bilo también subió al escenario y con él su teclado. Era el momento de despedirse y él lo hizo mostrando lo mejor que sabe hacer: tocar su instrumento.
El menudo músico de 65 años tocó como si tuviera 40 años menos. Ni parecía que tuviese una afectación en su salud. Lo hizo como en sus mejores momentos.
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A veces daba la impresión que el espíritu de los fallecidos teclistas John Lord (Deep Purple) y Ray Manzarek (The Doors) se apoderaron de él.
Fue una máquina de sonido, un demonio tocando los teclados. Era su noche. Mostró todo lo que ha aprendido en muchas décadas de trabajo. Hasta se lanzó un poderoso solo con su instrumento.
Bilo estuvo feliz. La gente lo vitoreó, lo aclamó como siempre. Él lo dio todo. Hubo un instante que quedará grabado para la historia y esto fue cuando su hijo Billy tocó el sintetizador con él. Fue un momento épico y de gloria. Padre e hijo enloquecieron al público con su derroche de talento. Nadie quería que el espectáculo termine, no obstante, el telón debía caer.
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El Rock por Bilo fue más que un concierto benéfico. Se trató de una demostración musical sin precedentes.
Doscientas cuarenta almas inyectaron mucha, pero mucha energía positiva al legendario teclista. Esas dosis de buenas vibras no se las encuentra en ninguna farmacia ni en ningún hospital, simplemente salieron del alma de los familiares y de los amigos de Albán que estuvieron con él durante esa mágica noche. (I)
Portada: Cortesía de la familia Albán
Videos y fotos: Atarazana Go!



































