Cinco referentes del rock guayaquileño contaron sus historias

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Sus inicios en la música, las primeras tocadas, la historia de canciones que se convirtieron en éxitos, así como la organización de conciertos legendarios fueron algunas de las narraciones que se hicieron la tarde del miércoles 17 de mayo, en la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas.

También hubo llamados a la unidad de los promotores de festivales, con el objetivo trabajar mancomunadamente en pro de la escena local.

Todo esto se dio en el marco de la Semana Rockearte, un evento impulsado por el movimiento que lleva el mismo nombre y cuya directora es Valeria Martínez.

Pero ¿quiénes contaron estas historias? Nada más y nada menos que cinco personas consideradas referentes de la escena rocanrolera de Guayaquil.

Ellos son: Luis Rueda, Willy Wong, Gustavo Pacheco, Yamil Chedraui y José Franco Calixto.

En este grupo hay décadas de experiencia ya sea como músicos, cantantes o en la planificación de eventos.

De a poco llegaron los rockeros porteños hasta el auditorio Jorge Pérez Concha, ubicado en el 5to piso del edificio de la Casa de la Cultura, para conocer de primera fuente, en vivo y en directo, las anécdotas de cada uno. Estuvieron integrantes de bandas como Kaos y Reencarnación, entre otros.

El primero en tomar la palabra fue Pacheco, músico y compositor nacido en 1951, quien ostenta también el título de tecnólogo médico.

Gustavo se remontó a los años sesenta cuando se sintió atraído por la guitarra y los ritmos de la época.

Durante su juventud tocó con Los Picapiedras y Los Incógnitos. Posteriormente junto a los hermanos Miguel y Homero Gallardo formó la legendaria agrupación Boddega.

Con esta banda aparece en la escena nacional uno de los temas emblemáticos y recordados hasta la actualidad: “El hombre sin cabeza”.

Pacheco fue músico de decenas de artistas extranjeros que llegaron al Ecuador.

Anduvo por España por algunos años y luego regresó al país para seguir componiendo y cantando.

Enfrentó a la covid-19 y pudo salir adelante.

Mantiene su afro, usa camisas de modelos sesenteros y luce collares similares a los que utilizaban los hippies. Es una leyenda viviente del rock ecuatoriano.

A continuación, disertó el baterista de 57 años Willy Wong. Vestido íntegramente de negro, chaqueta con dibujos y calzando sus tradicionales Converse, el músico es conocido por haber sido uno de los fundadores de la banda Abraxas, pionera del heavy metal en el Puerto Principal.

En su trayectoria también están el grupo Taller, Banda Anónima y actualmente lidera un propio proyecto que lleva su nombre.

En su intervención recordó al fallecido amigo y cantante Reynaldo Egas, del cual dijo es “el Elvis Presley ecuatoriano”. A otro que destacó y con quien trabajó es el vocalista de origen asiático Jinson Ho (+), famoso por el tema “Dulzura mía”.

“He visto cómo ha progresado la música y los músicos del país. Uno de los que ha llegado muy lejos es Luis Rueda. Demostró con La Trifullka y como solista que se puede avanzar más y exponer lo propio”, sostuvo.

Wong ponderó el evento del movimiento Rockearte por la convocatoria de personas de varias generaciones, para analizar el desarrollo del rock en la ciudad.

Con la frase: “larga vida al rock and roll”, culminó su exposición en medio de los aplausos de los presentes.

Luis Rueda tomó el micrófono de inmediato. Él también lució ropa oscura y gafas. En toda la jornada consumió mate (una infusión de varias hierbas).

El cantante y también guitarrista porteño tiene un look similar al del legendario rockero argentino Fito Páez.

Lucho contó que no le fue tan difícil ingresar al mundo de la música.

“Al mes de saber tres acordes de guitarra ya compuse la primera canción”.

Rememoró que, en el 87, durante la época del rock en español, se vio influenciado por grupos como Hombres G.

Junto a su hermano Raúl armó la primera agrupación: Sak.

El nombre surgió de la serie estadounidense de finales de los años sesenta, Batman. Pues cuando el encapotado peleaba con los villanos, en la pantalla de la televisión aparecían monosílabos para representar a los golpes.

Hubo dos temas que influenciaron en la vida de Rueda: “Los rockeros se van al infierno” (Ángeles del Infierno) y “No podrás con él” (Blaze).

Lucho evolucionó musicalmente. Ya no hacía heavy metal en español y apostó por el rock and roll. Lograron sacar con un disco, empero Sak se desintegró.

Es en una obra de teatro donde Rueda ve la palabra “trifulca” y le gustó ese nombre.

“La idea era superar los covers que hicimos con el grupo anterior y por eso lo cambiamos”.

En medio de todo ese trajinar y deambular en escenarios y tarimas con La Trifullka logran firmar un contrato con una disquera.

“Con un CD que ya estaba hecho, la persona encargada de promover los discos de esta empresa, solo le daba 4 segundos a cada tema. De eso dependía todo. Pasaron varias canciones y ninguna le llamaba la atención. Eso sucedió hasta que llegó al tema ‘El pelo quinto’. La canción le impactó y de inmediato rubricamos el documento”, enfatizó.

La canción se convirtió en un súper éxito, en Guayaquil. Hasta hoy se la escucha en algunas emisoras porteñas.

José Franco Calixto, conocido promotor de conciertos de rock desde hace casi 30 años y manager de diferentes agrupaciones guayaquileñas, fue otro de los participantes del evento.

Él no es músico, pero ha estado involucrado en este negocio como si fuera uno de ellos.

Su análisis se basó, entre otras cosas, en los estigmas creados alrededor de los rockeros (consumidores de drogas, satanistas, tatuados, mal vestidos, de cabello largo, etc.), la falta de espacios en Guayaquil para organizar recitales y la evolución de las bandas a través de los años.

De este último aspecto recordó que en los 70, las agrupaciones tocaban covers de músicos extranjeros; luego en los 60, aparecen nombres de grupos como Abraxas, Blaze, Spectrum o Demolición que tocaban sus canciones y las de reconocidas bandas internacionales; en los 90, surgen Notoken, Profecía o Kaos y es cuando se da un giro, ya que todas apuestan a sus propias producciones.

En torno a las tocadas, Franco Calixto hizo un viaje al pasado. Pues hace varias décadas los conciertos se efectuaban en colegios. Luego se buscaban sindicatos o locales que a veces no estaban en buen estado.

“Eso se le daba a la gente. Tratábamos de emular a los conciertos que veíamos en televisión”.

A criterio de José ya se han superado los estereotipos en torno al metalero, pero aún falta más sobre el acceso a los establecimientos públicos para los festivales.

Franco, principal de Brutalidad Total, es uno de los creadores del Atahualpa Rock.

El cierre de las intervenciones le correspondió a Yamil Chedraui. Él es cantante y guitarrista. Forma parte de Spectrum, Metal Clan y de Rock of Ages.

Su trayectoria como músico empieza en 1998 cuando tocaba en bandas colegiales y en reuniones de amigos.

“En cierta ocasión un conocido organiza un evento en la Casa de la Cultura. Él se quería lanzar para cantar como el mexicano Luis Miguel o Cristian Castro. Contrató a varios músicos reconocidos como Andrés Albán o Xavier Von Buchwald para que toquemos, pero nosotros éramos de la escuela de Iron Maiden o de Black Sabbath. Finalmente, no pudo cumplir con su anhelo este allegado. Sin embargo, mi banda que se llamaba Material se presentó. Me vieron Andrés y Xavier, y me dijeron que buscaban a un vocalista. Acepté la propuesta y desde ahí formo parte del grupo”.

A partir de ahí, Yamil estuvo en el Metal Christmas 2000 y al año siguiente fue al coliseo Rumiñahui, para cantar ante más de 2 mil personas en un recital donde también intervinieron Basca, Metamorfosis y otras.

Posterior a ese repaso por su carrera, Chedraui se refirió a un tema del que pocos hablan en público: las diferencias que hay entre personas de la escena rockera de Guayaquil.

“Hay bastante separación y peleas entre los organizadores de conciertos. Cada uno se llevó a su gente. Antes -en una época- se veía a todos en un mismo recital. Eran masivos”.

Yamil hizo un llamado a la unión de todos esos actores. Es partidario de que se dejen de lado los rencores y diferencias que no llevan a nada.

“Lo importante es llevar adelante esto entre todos. No importan los géneros que nos gusten. Es importante replicar eventos como este y la búsqueda de espacios para los eventos”.

El exhorto del cantante y guitarrista recibió el reconocimiento de todos.

Las horas transcurrieron y el foro llegó a su fin. Los asistentes y los panelistas aprovecharon para tomarse fotos. Hubo la exhibición de una película en otra sala de la Casa de la Cultura.

Unos se quedaron y otros se retiraron a sus domicilios, con la satisfacción de haber escuchado cómo se forjó la historia del rock en Guayaquil.

Si bien pudieron faltar algunos protagonistas, pero también es verdad que la iniciativa del movimiento Rockearte es digna de todo tipo de reconocimientos. (I)

 

Portada, fotografías y videos: Atarazana Go!

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